Había una vez un caballo blanco que se llamaba Esperanza que le gustaba correr y comer pasto. Era salvaje, vivía con sus padres, tenía apenas 8 meses.
Vivían felices en un valle donde abundaba el pasto y la buena hierba.
Empezaba a caer el invierno, era el primer invierno de esperanza, estaba muy asustada con el temporal que se acercaba.
Estuvo todo el día al lado de su padre, empezó a nevar, y la nieve cubrió todo el prado.
Al otro día a Esperanza le dio hambre y salió del lado de su padre a buscar pasto, pero todo estaba cubierto por nieve, buscó y buscó pero no encontraba pasto por ningún lado, de pronto vio que los demás animales empezaban a escarbar y comían pasto, entonces ella escarbó y se dio cuenta que había pasto abajo de ese manto blanco, se alegró mucho y empezó a escarbar y comió pasto hasta satisfacerse.
De pronto vio a otro caballo joven igual que ella que estaba hambriento y no encontraba pasto y ella se acercó a él y ella le dijo que tenía que escarbar un poco y encontraría pasto, pero él le mostró la pata y estaba dañada, entonces ella le escarbó un poco para que comiera el pasto, y él muy agradecido se acercó a ella y le dijo que en verdad no era un caballo, él era un unicornio que le podía conceder un deseo, Esperanza alegremente le pidió que quitara el manto blanco que cubría el pasto, y el unicornio le dijo que no había problema, y el unicornio derritió la nieve y Esperanza con su familia y los demás animales comieron hierba y pasto mucho más crecida y verde.
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